Conservación y crecimiento en el Plan Estatal de Desarrollo Urbano | Antonio Hernández. (2 de 4)


Hace décadas que a nivel local se dejo en el pasado la visión conservacionista o preservacionista de los ecosistemas. La realidad es que ese enfoque solo ha prevalecido en poquísimos sitios en México, y ninguno corresponde a la zona metropolitana de Monterrey. No es lo mismo Área de Protección de Flora y Fauna Maderas del Carmen, a cualquiera de las ANP locales. Con la planificación actual del crecimiento urbano, en el ámbito municipal y estatal, de manera directa se orienta el crecimiento hacia zonas de montaña con decretos de protección a su favor.

En el caso de Sierra de la Silla, con el Arco Vial Sureste se agudiza la urbanización que la cordillera padece. Esa circunstancia es la primer amenaza a la integridad de las dos ANP que ahí se localizan. Una carretera con sus túneles en las zonas sensibles de esa montaña es la vía de entrada a la urbanización sin freno. Más si se considera que no existe ningún tipo de ordenamiento en la zona, y a que las regulaciones existentes no se consideran o se modifican para poder construir en la zona.

Otro ejemplo sensible es en el ANP Sierra de las Mitras. Con el túnel que une las vertientes norte y sur de esa sierra, se da impulso renovado a la creciente urbanización de las laderas de ese espacio natural en la zona poniente de Monterrey. Ecosistemas sensibles e importantes ambientalmente en la zona metropolitana con poblaciones en retroceso están siendo afectados por ese crecimiento. Ejemplo de ello son los izotales.

Bajo un esquema lógico, de acuerdo a los ecosistemas que se tienen, y las condiciones socio económicas que prevalecen, entre otros aspectos, se establece una categoría de manejo al respectivo espacio natural. El modelo de conservación donde casi nada se toca, y los recursos naturales no son aprovechados, no corresponde ni tiene cabida en las ANP locales. Una valorización de ese tipo puede reflejar un desconocimiento significativo del manejo y gestión que se hace en las áreas protegidas locales.

El Plan de Desarrollo Estatal Nuevo León 2030 en su configuración actual tiene componente que son de seria amenaza a los ecosistemas de las ANP locales. Considerando los antecedentes recientes de gestión y manejo que en las ANP locales la administración estatal ha realizado, además de las gestiones que en las federales se han efectuado, la perspectiva no es halagadora.

El aspecto sugerido de las ANP para la revalorización de sus recursos es un línea ya implementada por el gobierno de Nuevo León. Se ha realizado vinculada a los tiempos en que esa administración ha impulsado proyectos de urbanización en espacios naturales.

La Reserva Natural Estatal Sierra Cerro de la Silla, ANP de jurisdicción estatal, tuvo modificaciones en la zonificación. Sin una valoración verificable, las zonas núcleo se tornaron en áreas de amortiguamiento para eliminar obstáculos legales que impedían la construcción del AVS en esa zona. A esos cambios en la zonificación, se añaden los de las reglas administrativas, y el incumplimiento de las regulaciones ambientales federales, que se tradujeron en remoción de kilómetros de vegetación en la zona sin ninguna tipo de mitigación ambiental. Al tiempo presente, el Cañón de Santa Ana -zona del AVS- es una territorio sin restauración del daño promovido por la administración estatal. Al contrario, el empeño urbanizador de la zona se mantiene con los planteamientos relacionados en el Plan Estatal.

El otro caso conocido y documentado es el Nuevo Parque Ecológico La Pastora. Esa ANP de reciente declaratoria se creó simultanea a la gestión de otro proyecto de urbanización de un espacio natural urbano. Se decreta el ANP bajo la categoría de Parque Urbano, pero convenientemente se deja fuera de la misma los terrenos correspondientes a la edificación de un estadio de fútbol en la zona. Es un caso de creación de una ANP, pero conjugándolo con el desarrollo de un proyecto invasivo en un espacio ya de por si afectado por la urbanización.

Con esos dos ejemplos de revalorización y creación de nuevas ANP, se tiene claro el tipo de manejo no deseable para las áreas protegidas existentes. Esa ha sido la tendencia demostrable.

El caso del turismo en los cañones de la Sierra Madre Oriental es controvertido. En esa zona el incumplimiento de las regulaciones ambientales vinculadas con la actividad turística es seria. De ello se derivan una serie de impactos ambientales y socio económicos que no han sido mitigados completamente. En muchas zonas de la Sierra Madre, después de la urbanización, el turismo sin planificación se constituye como la segunda amenaza a la integridad de los ecosistemas.

El manejo de un ANP va más allá de promover actividades compatibles con el uso de los recursos naturales. Igualmente la gestión correspondiente. Que la administración estatal defina que revalorizará esos espacios, con el fin de acordar actividades productivas es un componente que hasta ahora solo muestra indefinición (se sabe que tiene una integración por culminar).

Lo que en este momento puede clarificar tendencias en ese aspecto son las acciones realizadas por esa administración en el tema. Los resultados de ello son catastróficos en muchos ámbitos, yendo desde el estricto de conservación, hasta el manejo que se hace de los espacios públicos.

La ampliación de los espacios protegidos es positiva. Lo será también si la administración proponente hace un giro radical, y efectivamente hace manejo efectivo de los espacios naturales a su cargo, que son númerosos y diversos. Crear nuevos espacios sin remediar la desatención en que se tienen los existentes es simulación. Dicha atención también tiene su complejidad, y no solo contempla el generar actividades productivas que generen recursos para el manejo. Es muchísimo más que eso.

Se tiene un desconocimiento que en el tema de manejo de las ANP se realiza. En al menos dos espacios locales, la visión conservacionista-preservacionista no se aplica. No es posible hacerlo, ni deseable. La visión prevaleciente considera elementos positivos para el manejo. Y ese trabajo va más allá de generar actividades productivas, que también son contempladas. El manejo de ANP es tan complejo, y escapa por ejemplo, a las actividades recreativas o turísticas como elemento central o significativo.

Pensar que en el manejo de ANP se promueve un enfoque preservacionista es un error que repercute en las propuestas que de ese punto de vista se puedan derivar. Un acercamiento simple al tema sirve para evidenciar que ese enfoque no corresponde a la circunstancia local.

Antonio Hernández.

t608138@gmail.com

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~ por Antonio Hernández en 17 mayo, 2011.

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