Tragedia ambiental en Monterrey Antonio Hernández.


Ayer el gobierno local avisó de una contingencia ambiental. Las recomendaciones para suspender actividades al aire libre y otras de la industria que son origen de afectación a la atmósfera se hicieron públicas. Desde una visión ambiental es la noticia más terrible que se nos ha comunicado por la autoridad. Imposible ocultarla.

Como ciudad metropolitana nos aplica el refrán: Vemos la tempestad y no podemos tener acuerdo para prevenir y evitar el daño.

A pesar del contexto somos dentro de toda la diversidad de la vida una especie afortunada. Si dejamos por un lado toda la carga negativa que tenemos acumulada a través de las edades vía nuestra evolución social, son claras las herramientas que hemos creado. Ciencia y técnica tienen avance como nunca. Aún permanecen valores como el civismo, hospitalidad, sacrificio o altruismo.

Los elementos básicos están a la mano. ¿Qué podemos hacer para imaginar y desarrollar la reestructuración del crecimiento de nuestra comunidad?

Las evidencias tienen un indicador mortal: No salgamos de las paredes de nuestro hogar. No practiquemos deporte en el parque. Que no trabaje la industria contaminante. Ni en los tiempos de muerte y furia que ahora vivimos se nos ha indicado con tal claridad una instrucción equivalente.

Con una directriz como esa solo queda concluir que a nivel metropolitano estamos a un paso de fracasar en lo que debiera ser nuestro objetivo primordial: Garantizar el bienestar de las personas y la preservación integral de toda la vida.

En nuestra comunidad local son numerosas las voces que alertan sobre la horrible tragedia. También se hacen públicas las respuestas correspondientes en donde tildan de alarmistas a los agoreros. Los empresarios dicen hacer bien las cosas y que aquellos mienten. Las administraciones públicas afirman estar trabajando en el tema. Pero mientras esta el indicador horrible: No debemos salir de nuestra casa.

Podemos aceptar que la ciencia proporciona las mejores herramientas para nuestra permanencia comunitaria. Los caminos para adaptarnos y corregir existen y ninguno es nuevo. Vamos por ahí.

Si como personas logramos permanecer ello será el mejor indicador de salud en toda la comunidad de la vida. Como especie humana somos el mayor depredador. La existencia de predatores sanos es indicador de plena salud en los ecosistemas.

Si nuestras voluntades y capacidades son suficientes para conseguir la integración de una ciudad donde permanezcamos vivos como personas, que todas las manifestaciones de la vida se conserven, y que las diferencias culturales o económicas se acepten y resuelvan sin matarnos, habremos dado un paso irreversible para evitar la autodestrucción.

Muchas personas somos residentes permanentes voluntarias de este valle montañoso. A mi me gusta mi tierra y las montañas. Tenemos una obligación compartida e ineludible de sobrevivir. Ese compromiso no es solo persdonal sino con toda la comunidad viva, de la cual somos parte y provenimos.

Antonio Hernández.

t608138@gmail.com

~ por Antonio Hernández en 28 noviembre, 2011.

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