De parque verde a gris | Irene Torres (Periódico La Rocka).


Transcribo el trabajo de Irene Torres, de la publicación La Rocka. Trata sobre la iniciativa del Parque Fundidora para construir el estacionamiento del nuevo Museo Papalote Verde Monterrey, talando para ello más de 75 árboles nativos o naturalizados a las condiciones ambientales de Monterrey, Nuevo León.

La publicación original se puede consultar en la siguiente dirección: http://archivoimpreso.larocka.info/pdf/166.pdf

De parque verde a gris | Irenes Torres.

Entre el desmonte de árboles, los churros, elotes preparados, hamburguesas, hot dogs, nachos y otros alimentos “saludables” que se venden en el Parque Fundidora, la Visión que se planteó el organismo paraestatal luce muy borrosa.
Cuatro metros cuadrados con 60 centímetros es el área verde que en promedio cada habitante de Monterrey posee. Si se toma en cuenta que las habitaciones de las casas de interés social miden unos tres metros cuadrados y nada les cabe —quienes ahí tienen su hogar pueden dar testimonios— no es necesario explicar qué tan incómoda resulta la situación verde en la ciudad.
El espacio ‘green’ que se ofrece a los regiomontanos es bastante reducido, sobre todo después de conocer el parámetro que la Organización de las Naciones Unidas y la Organización Mundial de la Salud recomiendan: entre 10 y 15 metros cuadrados por habitante.
Esto explica por qué diversos grupos ambientalistas y activistas han levantado la voz contra los nuevos planes de construcción del Parque Fundidora: dos estacionamiento y el Salón de la Fama del Beisbol. El desmonte de 100 árboles durante el pasado diciembre y el plan de desmontar otros 73 para convertir el área en una placa de cemento, parece fuera de lógica en un parque que prohíbe “maltratar o dañar de cualquier manera las instalaciones o inmuebles” y “sacar o maltratar las plantas, jardines y/o árboles del Parque, así como la fauna que
existe en el mismo”, según especifica su reglamento, del cual se leen fragmentos en las entradas al lugar.
¿Necesidad o negocio para quienes tienen el control sobre un parque propiedad de la sociedad nuevoleonesa, que funciona como entidad descentralizada del Gobierno del Estado?
Años atrás, aunque este pulmón verde ya era un favorito de la gente, no lo era al grado de recibir 6 millones de visitas, número total en 2012. Su ubicación privilegiada, la cercanía a rutas de camiones, el Metro y el Paseo Santa Lucía lo han convertido en el sitio predilecto de muchas personas. Hoy, el parque está en su mejor momento y los
directivos lo saben. Pero..

¿Dos estacionamientos más para un museo que presume lo verde hasta en el nombre (Papalote Verde Monterrey) y que se construye relativamente cerca de un macroestacionamiento (frente a la subutilizada Torre Administrativa)? ¿Privilegiar el uso de automóviles cuando se lucha para fomentarel transporte público? ¿Desaparecer un área verde olvidando que dos estaciones del Metro facilitan el acceso al Parque? Además… ¿tantos locales de comida chatarra? ¿Y el prejuicio por parte de los guardias de seguridad e incluso discriminación hacia las personas no heterosexuales?
Las imágenes que últimamente se desprenden del Parque Fundidora no son congruentes. Entre los churros, elotes preparados, hamburguesas, hot dogs, nachos—alimentos “saludables” que se venden en el interior del Parque— y el desmonte de árboles, la Visión gubernamental que se planteó el organismo luce muy borrosa.
“Decir que luego de retirar árboles para construir el Salón de la Fama van a sembrar más, o que para construir un estacionamiento requieren talar y reubicar más de 70 árboles, deja en evidencia las decisiones erróneas en la planificación de esos espacios. Se trata de respuestas reactivas a críticas razonadas”, dice Antonio Hernández,
biólogo, activista y miembro del Colectivo Pueblo Bicicletero.
Hernández midió el espacio destinado a estacionamientos que actualmente tiene el Parque Fundidora: 195 mil metros cuadrados. Más que suficientes, indica, para brindar servicio al museo Papalote Verde Monterrey.
La fecha programada para el arranque de la construcción de los dos estacionamientos —denominados E6 y E7— es el 21 de enero. Sin embargo, colectivos y activistas ecológicos han decidido luchar para que éstos no se lleven a cabo.
El domingo 13 de enero, Pueblo Bicicletero convocó a una pedaleada en pro de la protección de las áreas en cuestión. Mientras ellos iniciaban su recorrido en Colegio Civil, el Parque vivía un domingo común: las pistas utilizadas por personas caminando o patinando, largas filas en la renta de bicicletas, y áreas como el Paseo de
la mujer con poca afluencia —sólo algunas parejas y amigos que disfrutaban de la tranquilidad—, todo ello aderezado por el silencio de los guardias a quienes se cuestionó sobre el Salón de la Fama o los estacionamientos.
“No sabría decirle” y “Tengo poco tiempo aquí”, fueron sus respuestas.
“¿Qué hacemos por nuestro parque?”,se preguntó la activista y periodista Ximena Peredo en el artículo editorial publicado el 11 de enero. La respuesta la brindaron los involucrados en rescatar los árboles y áreas en cuestión:
ellos invitan a los ciudadanos para que se tomen un tiempo y escriban a los directivos del parque su opinión respecto al proyecto.
El final de los árboles aún se debate. ¿Quién quiere participar y hacer algo?
Levantando la voz.

“Quizá nuestra reacción ante el reciente exterminio de 100 árboles fue tan timorata que ahora el director no tiene empacho en anunciar el sacrificio de otros 61 árboles más. ¿Podríamos evitar esta insensatez?
Ante la poderosa inercia del saqueo no basta tener la razón ni saberla plantear. Es decir, aunque sirve de mucho que compartamos nuestra indignación con los más cercanos, eso no cancelará la decisión de convertir al parque en el estacionamiento de los negocios que alberga. Pero si todos los indignados, que cada vez somos más, nos salimos de nuestra comodidad para manifestar nuestro rechazo quizá podríamos salvar este recuerdo. Estamos construyendo el recuerdo que seremos, que baste esta certeza para cuidar los últimos jardines”.
Ximena Peredo, en su editorial publicado el 11 de enero en El Norte.

Verde descolorido.
En 2011, tras la helada registrada durante el mes de febrero, murieron alrededor de 8 mil árboles en la ciudad. Al no ser nativos de la entidad, la mayoría se secó por las bajas temperaturas; una de las plazas más afectadas fue La Purísima. Y tras las remodelaciones de la Alameda Mariano Escobedo y la Plaza Hidalgo, también se esmontaron
árboles. Su reduccción ocasionó el aumento de IMECAS y condiciones no satisfactorias del aire.

Trabajo de Irene Torres, publicado en el periódico La Rocka, correspondiente al mes de enero de 2013: http://www.larocka.mx/

 

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~ por Antonio Hernández en 21 enero, 2013.

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